Las bodas chinas están repletas de tradiciones milenarias. Aunque muchas costumbres antiguas han desaparecido, otras perduran en las celebraciones modernas, considerándose de mal agüero omitirlas.
La familia del novio
En países como Estados Unidos, la familia de la novia suele asumir los gastos de la boda, que se ve como su día especial. En China, sin embargo, es el día del novio: su familia organiza las festividades y la novia pasa a formar parte de ella. Antiguamente, la novia se despedía de su familia con un retiro de días junto a sus amigas, ya que no la verían más. Hoy, las parejas comparten los costos y mantienen un equilibrio familiar.
Elegir la fecha
Para las parejas chinas, seleccionar la fecha va más allá de la disponibilidad: debe ser auspiciosa. Los números del mes y día han de ser afortunados, y las estrellas alineadas. La mayoría consulta el calendario lunar para fijar la boda.
El color rojo
El rojo es esencial en las bodas chinas, simbolizando suerte y prosperidad. Desde invitaciones y sobres de regalo hasta el vestido de la novia, este vibrante color impregna toda la celebración.
La cama nupcial
Los padres del novio regalan a la pareja una cama nueva con edredones, sábanas y almohadas. Ellos la preparan, y el novio duerme en ella la víspera. Un sobrino pequeño salta sobre ella para augurar fertilidad y un heredero.
El símbolo de doble felicidad
El icónico símbolo de "doble felicidad" adorna invitaciones, sobres rojos y decoraciones, representando unión y dicha eterna.
Ceremonia del té
El día de la boda, la pareja sirve té a los padres y ancianos invitados, por orden de edad. A cambio, reciben joyas de oro y dinero en sobres rojos como bendición.
Tres vestidos de novia
La novia luce tres atuendos: un vestido blanco con velo para la ceremonia, un qipao tradicional durante el banquete, y uno de salida al final.
El banquete de bodas
El banquete es el corazón de la boda china, donde las familias honran a invitados con un festín de 12 platos como abulón, sopa de aleta de tiburón, cerdo asado y arroz frito. Sirve para devolver favores y mantener el prestigio. Aunque sin brindis de champán, se comparte coñac fino con la pareja.