¿Hígado en un strudel? Los pasteles rellenos de órganos son un alimento que tanto adultos como niños suelen rechazar. ¿Crees conocer bien tu comida? Pon a prueba tus conocimientos con esta galería de imágenes.
"¿Qué es eso? ¿Por qué te lo comes? ¿Cómo lo comes sin vomitar?"
Los niños quisquillosos con habilidades verbales avanzadas suenan más como adultos con prejuicios alimentarios profundos. Aunque no tan caprichosos como los de 3 años, las papilas gustativas adultas tienen opiniones firmes, a menudo heredadas de la infancia.
A veces, el rechazo surge de lugares inesperados.
Las preferencias varían, pero hay disgustos compartidos por muchos. Aquí, 10 alimentos que amamos odiar, con razones comunes y sugerencias expertas para superar prejuicios culinarios.
Empezamos con un clásico: el cebo. ¿Qué te hizo este pececito?
Contenido- Las anchoas me despidieron sin motivo
- Las remolachas robaron mi iPod
- El queso azul rayó mi coche
- Las coles de Bruselas me dejaron plantado en la universidad
- El caviar es tan snob
- Los caracoles son groseros
- Pastel de frutas, enemigo de siempre
- El hígado me pegó en tercero de primaria
- El SPAM me obligó a comer SPAM
- La ternera me dio pesadillas
10. Las anchoas me despidieron sin motivo
Las anchoas lucen bien en el agua, pero no tanto en el plato.
La carne enlatada suele generar rechazo en adultos mayores de 10 años (excepto atún o salmón). Sin embargo, las anchoas lideran listas de odio en EE.UU., salvo como cebo.
Su olor a pescado es esperable, pero la vista de cuerpos plateados apiñados en lata y su textura gelatinosa (comparada con una ceja por algunos) disuaden a muchos.
Consejo para principiantes: Viste tu lechuga romana con auténtico aderezo César (que incluye anchoas).
Siguiente: una verdura que hasta veganos evitan.
9. Las remolachas robaron mi iPod
A menos que seas Willy Wonka, estos tubérculos ricos en hierro suelen intimidar.
Llenos de hierro, dan color al borscht y se preparan de mil formas, pero muchos nunca los prueban. Su sabor metálico, olor terroso o color rosa intenso (que mancha todo) generan rechazo.
Prueba esto: Rodajas finas de remolacha en escabeche en ensalada con queso y nueces. Usa babero.
8. El queso azul rayó mi coche
Los quesos azules como Gorgonzola o Roquefort son un gusto adquirido para fans de su aroma intenso; para otros, un hedor mohoso.
El moho que les da sabor se asocia con comida estropeada.
Prueba esto: Espolvorea queso azul desmenuzado en una hamburguesa jugosa.
7. Las coles de Bruselas me dejaron plantado en la universidad
Crujientes con mantequilla y ajo, pero no las sobrecocines.
Leyendas infantiles de platos interminables persisten en adultos. Ricas en antioxidantes, combaten cáncer y colesterol, populares en Alemania.
Rechazo por amargor, olor sulfuroso y gases; error común: cocerlas hasta blandas.
Prueba esto: Hierve 5 min, saltea con aceite, ajo, sal y parmesano.
6. El caviar es tan snob
Caro (hasta $12.000/lb el beluga), pero exquisito para algunos.
Textura como perlas de baño frágiles o huevos de esturión no fertilizados disuaden. ¿O es el precio?
Prueba esto: Porción pequeña en mini sándwich de ensalada de huevo con blinis.
5. Los caracoles son groseros
Escargot francés, pero en EE.UU. visto como viscoso e incomible.
¿Más que almejas? Quizás prejuicios culturales.
Prueba esto: Llámales "caracoles de la libertad".
4. Pastel de frutas, enemigo de siempre
Regalo navideño eterno, parece antiguo por licor y frutas confitadas.
Aspecto cristalizado y fruta dudosa generan escalofríos.
Prueba esto: Come uno casero.
3. El hígado me pegó en tercero de primaria
Paté de hígado similar a hummus, pero órgano despised en todas formas.
Textura calcárea y origen (filtra toxinas) repelen.
Prueba esto: Fríelo.
2. El SPAM me obligó a comer SPAM
Carne procesada barata desde 1937, ridiculizada por sabor salado, textura y grasa.
Prueba esto: Sustituye por atún light.
1. La ternera me dio pesadillas
Rechazo moral por crueldad animal, no sabor.
Prueba esto: Carne cultivada in vitro.
Pero hay fans apasionados. Los gustos son personales.