Los científicos creían que el resveratrol del vino tinto beneficiaba al corazón, pero ahora hay dudas. Conocida como la paradoja francesa, durante años se ha intentado explicar por qué la dieta francesa, rica en quesos y salsas grasas, se asocia a una baja incidencia de enfermedades cardíacas. Muchos apuntaban al consumo habitual de vino tinto en Francia.
Varios estudios respaldaban esta idea. Encontraron que el vino tinto, el chocolate negro y las bayas reducían la inflamación, un factor clave en las cardiopatías. Por ejemplo, un estudio publicado en Nature en 2006 mostró que ratones alimentados con pieles de uva, bayas y chocolate vivieron el doble gracias al resveratrol, presente en estos alimentos [fuente: Baur et al.].
Sin embargo, investigaciones recientes cuestionan estos beneficios. Un estudio de nueve años con 783 adultos mayores en dos pueblos toscanos (Italia), zona vinícola, midió niveles de resveratrol en orina. De los participantes, más de 250 fallecieron, 174 sufrieron problemas cardíacos y 34 cáncer, pero los niveles de resveratrol no influyeron en los resultados [fuente: Roberts].
Si el resveratrol no impacta en longevidad, cáncer o corazón, ¿sirve de algo? Es relevante, ya que las ventas de suplementos de resveratrol superan los 30 millones de dólares anuales en EE. UU. [fuente: Bland].
Beber vino tinto con moderación aún puede ser beneficioso, pero no por el resveratrol. Existen más de 35 polifenoles que merecen más investigación [fuente: Bland]. Además, el alcohol moderado previene la pérdida ósea en mujeres posmenopáusicas. Un estudio de 2012 en Menopause halló que 1-1.5 copas diarias estimulan el crecimiento óseo en mujeres de 50-60 años [fuente: Aubrey].
El cuerpo renueva constantemente el hueso, pero en la menopausia la disolución supera la formación. Una copa (o copa y media) diaria ralentiza esta rotación y reduce fracturas, aunque duplicar la dosis no mejora el efecto [fuente: Aubrey].