Un chorrito de aceite de oliva es esencial en innumerables recetas clásicas. Su sabor versátil y perfil nutricional superior lo convierten en un ingrediente imprescindible para pastas, pescados, ensaladas, panes, masas, pizzas y mucho más.
Dado su uso frecuente, muchos cocineros lo guardan cerca de la estufa. Sin embargo, este es uno de los mayores errores: el aceite de oliva se oxida rápidamente con la luz, el calor y el aire. Almacenarlo junto a la estufa caliente y bajo luces brillantes acelera su deterioro. Aquí compartimos los consejos clave de los expertos en aceite de oliva de Bertolli para mantenerlo fresco al máximo.
Evite la luz directa y elija botellas tintadas.
En el supermercado, busque botellas en la parte trasera del estante, protegidas de la luz fluorescente. Opte por envases de vidrio o plástico oscuro que bloqueen los rayos UV. Si es transparente, envuélvala en papel de aluminio al llegar a casa y guárdela en un armario oscuro para prevenir la oxidación y preservar el sabor del AOVE.
Mantenga siempre la botella bien cerrada.
Durante la cocción, es fácil olvidar cerrar la botella. Esto permite la entrada de aire, acelerando la oxidación y el enranciamiento. Ciérrela firmemente en todo momento para óptima frescura.
Almacénelo a temperatura fresca, pero no en el refrigerador.
El calor provoca oxidación en el AOVE, volviéndolo rancio. Guárdelo lejos de fuentes de calor, pero evite temperaturas frías que lo solidifiquen. Paul Miller, experto de Bertolli, recomienda unos 20°C (68°F).
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Úselo pronto o deséchelo.
No compre en grandes cantidades a menos que lo consuma rápido. Factores como luz y aire afectan su vida útil. Consuma una botella a la vez y compre según necesidad para disfrutar siempre del aceite más fresco.