Con algunos granos y nueces, es fácil visualizar el origen de su aceite: basta con exprimir una semilla de sésamo o girasol entre dos hojas de papel para ver el aceite emergiendo. El maíz, aunque menos aceitoso, también lo contiene.
Un grano de maíz consta de una cáscara exterior que envuelve una sustancia almidonada blanca o amarilla. En el centro de esta, hacia el extremo puntiagudo, se halla el germen, que alberga una pequeña cantidad de aceite. Si cortas un grano de maíz para palomitas por la mitad, distinguirás claramente la cáscara, el almidón y el germen. Al presionar el germen sobre papel, observarás la mancha de aceite.
El almidón de maíz se extrae de la parte almidonada. El maíz no produce jarabe directamente: este se obtiene procesando el almidón. Como se explica en el artículo Cómo funcionan los alimentos, el almidón es un polisacárido, un carbohidrato de cadena larga formado por moléculas de glucosa unidas. En el estómago, las enzimas lo descomponen en glucosa individual para su absorción en el torrente sanguíneo.
Para producir jarabe de maíz, se aplican enzimas al almidón, transformándolo en una mezcla viscosa de glucosa, dextrosa y maltosa.