Todos hemos vivido ese momento frustrante: al abrir una botella de vino, el corcho se desmorona y cae en el líquido. Intentar retirarlo con papel toalla solo empeora las cosas, dejando trozos flotando y sabores indeseados. Un filtro de café tampoco resuelve el problema.
Para evitar esta situación, la clave está en el almacenamiento correcto. "Las botellas de vino deben guardarse horizontalmente para que el vino mantenga contacto con el corcho y evite que se seque", explica la crítica de vinos y escritora Joanna Simon en Cosmopolitan.
Si el corcho se seca, se vuelve quebradizo y se fragmenta al extraerlo, contaminando el vino. "Los corchos, al ser un producto natural, pueden fragilizarse con el tiempo", añade Simon. Además, herramientas inadecuadas agravan el problema: "Los sacacorchos con bordes afilados y biselados rompen los corchos con mayor facilidad; opta por puntas lisas y redondeadas".
¿Qué es el vino "tapado" o "con corcho"?
El término "vino tapado" describe un vino con sabor o aroma defectuoso debido al corcho. "La mayoría de estos defectos provienen de la contaminación por TCA (tricloroanisol), un compuesto químico potente que pasa del corcho al vino durante su procesamiento con antifúngicos clorados", detalla Simon.
Según el Wine Institute, el TCA causa aromas "mohosos" en vinos, bebidas y alimentos. Lamentablemente, un vino tapado no se puede salvar. La solución: elige vinos con tapa de rosca o almacena botellas especiales horizontalmente en un botellero.