Hay un poco de ciencia detrás de por qué el café percolado en el campamento sabe tan bien, o incluso mejor, que el preparado en casa. Todo se debe a la presión atmosférica reducida en altura.
Normalmente, percolar café es uno de los peores métodos: requiere ebullición continua a unos 100ºC (212ºF), lo que quema los posos y genera amargor. Cuanto más oscuro el tueste, peor el resultado. Lograr una taza filtrada rica es casi imposible sin bajar la temperatura. Ahí entra el aire enrarecido: a 2.600 metros (8.500 pies), el café hierve a unos 91ºC (196ºF). Por encima de 3.000 metros (10.000 pies), lo hace a 88ºC (190ºF), ideal para extraer sabores sin quemar los granos.
¿La elevación exacta para notar la diferencia? La investigación es limitada, pero expertos en campo reportan beneficios desde 2.400 metros (8.000 pies). Percola en altura, gotea en baja.