La historia de los bollos de crema lee como una intrigante novela de misterio, donde el chef se pregunta: "¿quién fue el creador?" Aunque se desconoce el inventor exacto de esta delicada receta de masa choux, los expertos sitúan su primera mención en libros de cocina y menús de restaurantes del siglo XVI.
El misterio de la historia de los bollos de crema
En la antigüedad, cocineros y pasteleros transmitían recetas de forma oral. Un mismo plato recibía nombres distintos en Francia, Inglaterra o en cocinas reales y populares, lo que complica rastrear orígenes y separa mito de realidad.
Catalina de Médicis
Un popular mito atribuye su invención a la cocinera de Catalina de Médicis, hija de la influyente familia Medici del Renacimiento italiano y reina de Francia. Como mecenas de las artes, se cree que su refinado paladar impulsó innovaciones culinarias. Sin embargo, este relato es probablemente legendario: aunque Catalina apreciaba los pasteles finos, sus cocineros no crearon la masa choux ni los bollos de crema. Sus raíces se remontan a la Edad Media.
Pasteles de queso
Mucho antes de Catalina, en el siglo XIII, cocineros del sur de Alemania y Francia elaboraban hojaldres rellenos de queso cremoso. La masa se horneaba hasta inflarse, se cortaba y rellenaba con queso fundido, a menudo aromatizado con hierbas.
Artes de la pastelería francesa
En la época renacentista de Catalina, pasteleros franceses e ingleses experimentaban con masa a base de harina, agua, grasa y huevo: la famosa pâte à choux. Esta simple mezcla genera un interior hueco perfecto para rellenos dulces o salados. Recetas de 'pâté feuilletée' en Francia y 'puff paste' en Inglaterra circulaban desde principios del siglo XVI, horneadas en formas alargadas, glaseadas con agua de rosas, azúcar y limón, y apiladas en capas. Aunque distintos a los actuales, fueron exquisitos para la nobleza.
Mezcla de términos y recetas
La confusión crece por los variados nombres: choux, hojaldre, profiteroles o bollos. En el siglo XVII, se popularizó 'choux' por su parecido a coles (chou en francés). La base de cuatro ingredientes permanece, pero variaciones en preparación generan diversidad.
Profiteroles o Bollos de Crema
En el siglo XIX, cada variante ganó identidad propia. El bollo de crema se consolidó como profiterol, aunque con libertades creativas según el lugar.
El arte del bollo de crema
A mediados del XIX, en Francia e Inglaterra, los profiteroles eran obras maestras: cisnes o pirámides de bolos rellenos de vainilla o chocolate, ideales con té, café o vino. En EE.UU., la primera mención en un menú data de 1851 en el Revere House de Boston.
Bollos de crema hoy
De humildes rellenos de queso medievales a favoritos victorianos, los bollos de crema democratizaron el lujo. Hoy, se venden congelados en supermercados o en cadenas como Beard Papa's (300 locales globales). Nada iguala un bollo casero recién horneado, evocando cortes reales o salones victorianos. Su origen sigue envuelto en misterio, pero su sabor lo aclara todo: es divino.