Podrías probar una combinación distinta de comida y vino cada día de tu vida y apenas arañar la superficie de las infinitas posibilidades. Aunque hay pocas combinaciones desastrosas, con un poco de reflexión, descubrirás maridajes celestiales.
Como en toda gran pareja, la comida y el vino deben complementarse mutuamente, no competir. Estas no son reglas rígidas, sino guías expertas para maximizar el placer gastronómico.
Basados en décadas de tradición enológica, estos consejos te ayudarán a elevar cualquier comida. Recuerda: las mejores reglas están para romperse con creatividad.
- Progresión: empieza con vinos ligeros y secos, avanza hacia los más robustos y dulces.
- Equilibrio: platos con sabores intensos y variados requieren vinos simples para no chocar.
- Tradición regional: combina platos de una zona con sus vinos locales, forjados por siglos de perfeccionamiento.
- Acidez: vinos ácidos solos brillan con comida; los suaves y fáciles pueden perder vitalidad en la mesa.
- Rescate: si un maridaje falla, un bocado de pan y un sorbo de agua lo arreglan todo.
Consejo Pro
Incorpora un chorrito del vino elegido en la preparación del plato: potencia el maridaje al instante.
P:
¿Hay un vino universal para todo tipo de platos?
R:
No existe, pero Beaujolais y Pinot Grigio se acercan mucho por su versatilidad.