La industria de la langosta de Maine, la más grande de EE. UU., genera 1.400 millones de dólares anuales para la economía del estado. En la primavera de 2018, las langostas estadounidenses se vendían entre 10 y 12 dólares la libra, un precio que ha consolidado su estatus como un lujo en la cultura popular. Aparece en menús de restaurantes de alta gama, asadores exclusivos y, en Nueva Inglaterra, un rollo de langosta puede costar hasta 70 dólares.
Sin embargo, la langosta no siempre fue un manjar costoso. Las políticas comerciales actuales no solo elevan sus precios, sino que amenazan el negocio en EE. UU., alterando nuestra percepción a largo plazo.
Historia colonial de la 'langosta'
En el siglo XVII, en las colonias de Nueva Inglaterra, se registraban langostas de 7 a 11 kg, e incluso ejemplares de hasta 20 kg y 1,2 a 1,8 metros de largo. Eran tan abundantes que, según crónicas, formaban montones de hasta 60 cm en las costas de Massachusetts.
Considerada comida barata para tiempos de escasez, se destinaba a sirvientes, esclavos, prisioneros e incluso cerdos. Nadie más la consumía por vergüenza, al igual que las ostras.
El auge comercial
Los colonos pronto vieron su potencial: abundante y barata, ideal para exportar a Europa. Los holandeses perfeccionaron su transporte transatlántico fresco. A mediados del siglo XIX, Maine abrió pesquerías organizadas y fábricas de enlatado. Hacia 1900, los desembarques superaban las 10.000 toneladas métricas.
La expansión ferroviaria llevó la langosta al interior: comedores de trenes y restaurantes la presentaron como guarnición o en ensaladas, elevando su prestigio. La sobrepesca inicial y las leyes de conservación del siglo XX dispararon los precios.
A pesar de todo, la oferta ha crecido gracias a regulaciones efectivas: de 8,34 millones de kg en 1950 a 59,4 millones en 2016. Esto impulsó 1.400 millones de dólares en Maine.
Recientemente, la industria ha mirado a mercados internacionales como China, que en 2017 importó langosta viva por 39,5 millones de dólares en el primer semestre, y 87 millones entre enero y junio de 2018.
Las exportaciones de langosta de EE. UU. a China crecieron desde 2012. Pero los aranceles impuestos por la Administración Trump provocaron represalias chinas con un 25% sobre la langosta estadounidense, colapsando las ventas: de 11,8 millones en junio de 2018 a 4,2 millones en julio.
China y Canadá han adaptado: Canadá reexporta langosta estadounidense. "La industria de EE. UU. enfrenta aranceles en Europa y China, mientras Canadá no", explica John Sackton, editor de Seafood News.
Con oferta récord y demanda china reducida, ¿bajarán los precios? Expertos como Sackton señalan factores contradictorios: fuerte demanda de colas procesadas en Canadá compensa pérdidas. "Veremos qué pasa en temporada alta", concluye.