Fruta vibrante del Nuevo Mundo combinada con la elegancia refinada del Viejo Mundo: así define lo mejor de los vinos sudafricanos.
La viticultura en Sudáfrica data del siglo XVII, pero a principios de los años 90 los estándares eran bajos. Desde entonces, el avance ha sido espectacular en todos los aspectos, y hoy los vinos sudafricanos alcanzan cotas de excelencia inéditas.
Al igual que los equipos deportivos nacionales, las bodegas sudafricanas tardaron en recuperar el nivel internacional tras la transición democrática liderada por Nelson Mandela. Ahora compiten con fuerza y determinación en el panorama global.
El Chenin Blanc es la variedad más plantada en Sudáfrica, herencia de su pasado en la producción de brandy. Ofrece versiones intensas con notas de melocotón y cítricos, con o sin crianza en roble. El Sauvignon Blanc fusiona la acidez vibrante de Nueva Zelanda con la contención del Viejo Mundo; las regiones de Constantia y Elgin destacan por su calidad. El Chardonnay progresa notablemente en Robertson y las zonas más frescas de Stellenbosch.
Entre los tintos, el Cabernet Sauvignon reina tradicionalmente en Stellenbosch, donde produce vinos de fruta madura y refinamiento, a menudo con Merlot en la mezcla. El Shiraz desafía su dominio, oscilando entre la sutileza del Ródano y la potencia cuasi-australiana. El Pinot Noir ofrece buenos ejemplos, pero la estrella autóctona es el Pinotage: grueso, rico en bayas y plátano, ideal para vinos de cuerpo medio a pleno.
Dato clave
El Pinotage es un cruce entre Cinsault (conocida en el Cabo como Hermitage, del sur de Francia) y Pinot Noir.
P:
¿Qué es MCC?
R:
Méthode Cap Classique, un espumoso elaborado por el método tradicional del Champagne.