La etiqueta promete 'ideal con pollo'. Pero, ¿se trata de un suave pollo asado con puerros o de un picante vindaloo? O peor aún, ¿de KFC frito?
Algunos aficionados al vino abordan el maridaje con precisión científica: solo el vino X va con el plato Y. Otros lo ven todo permitido: ¿Château Latour con huevo duro? La realidad está en un punto intermedio.
Aunque no hay reglas estrictas para combinar alimentos y vinos, invertir un poco de esfuerzo en las parejas, junto con experimentación entusiasta, siempre vale la pena.
Los factores clave son los condimentos del plato y su método de cocción. Para una salsa afrutada, elige variedades de uva con notas similares. Un toque de chile se equilibra con blancos afrutados y ligeramente dulces que apaciguan el picor.
Platos cocinados a fuego lento maridan mejor con tintos suaves y maduros, mientras que un bistec a la parrilla prefiere vinos jóvenes y afrutados.
Olvídate de la regla rígida 'tinto con carne, blanco con pescado'. Hoy, blancos con cuerpo como un Chardonnay de Nuevo Mundo conquistan el cordero asado, y tintos frescos como el Pinot Noir brillan con salmón a la plancha.
Dato clave
Los huevos, alcachofas y quesos ahumados son de los alimentos más difíciles de maridar con vino.
P:
¿Siempre debo servir vino tinto con queso?
R:
No. Los quesos suaves combinan mejor con blancos como Sauvignon Blanc o Riesling.