Las principales diferencias entre el trigo americano y el europeo radican en el contenido de gluten y selenio. La Unión Europea produce alrededor de 5.000 millones de bushels de trigo al año, mientras que Estados Unidos genera cerca de 2.000 millones [fuente: Brester]. Aunque a simple vista podría parecer que todo el trigo es igual, estas regiones cultivan variedades con características distintas.
En EE. UU., aproximadamente el 60% de la producción es trigo rojo duro, y solo el 23% trigo blando [fuente: Brester]. En Europa, predominan las variedades blandas. La clave está en el gluten, una proteína presente en el trigo. El trigo duro tiene mayor cantidad de gluten fuerte, ideal para panes esponjosos típicos de la dieta estadounidense.
El trigo blando, con menos gluten y proteínas más débiles, se descompone fácilmente y es perfecto para pasteles, galletas y productos no panificados.
Más allá del gluten, el suelo y clima influyen: el trigo americano contiene hasta 10 veces más selenio que el europeo [fuente: Shewry]. Las proteínas son generalmente más bajas en el trigo europeo [fuente: Gisslen], aunque los productores trabajan para elevarlas. No todo el trigo de una región es idéntico; hay múltiples variedades para diversos usos. EE. UU. importa poco trigo, pero Europa adquiere 1,1 millones de toneladas anuales de trigo estadounidense [fuente: Mufson y Branigin].
Curiosamente, las tasas de enfermedad celíaca son similares (1 de cada 133 personas) en ambas regiones, pese a las diferencias en gluten [fuente: Gitig].
Publicado originalmente: 28 de julio de 2015