En 2017, los estadounidenses consumieron 13.700 millones de galones de agua embotellada, superando por primera vez a las bebidas gaseosas como su opción favorita. Según la Corporación de Comercialización de Bebidas, esta industria generó 18.500 millones de dólares en EE.UU. ese año, con un crecimiento del 7% en volumen, de 12.800 a 13.700 millones de galones.
Hace apenas un siglo, el agua embotellada era casi inexistente: la obteníamos directamente del grifo. ¿Cómo se transformó algo aparentemente gratuito en un negocio multimillonario? El marketing ha sido clave, pero también otros factores históricos y psicológicos.
Antecedentes históricos del agua embotellada
Para entenderlo, repasemos la historia. En los primeros años de EE.UU., el agua embotellada ya existía: hay registros desde 1767. Floreció en el siglo XIX gracias al vidrio moldeado por inmersión, que abarató la producción masiva.
Dos grupos impulsaban las ventas: los ricos, que la compraban para emular los beneficios terapéuticos de manantiales en balnearios (en 1856, Saratoga Springs producía 7 millones de botellas al año), y los urbanos, para quienes era más segura que el agua municipal contaminada, evitando enfermedades como cólera o tifoidea.
En 1920, la cloración y filtrado del agua pública transformaron la salud: la Oficina Nacional de Investigación Económica atribuye la mitad de la reducción de muertes en ciudades a esta mejora. Sin embargo, esto golpeó a la industria, que se adaptó vendiendo garrafones de 5 galones (18,9 litros) a empresas, pese al alto costo de transporte del vidrio.
El punto de inflexión: décadas de 1970 y 1980
El renacimiento llegó en los 70 y 80 por tres razones clave. Primero, Nathaniel Wyeth patentó las botellas PET de plástico: livianas y resistentes, ideales para envases masivos.
Segundo, Perrier, la marca francesa de agua con gas, invirtió en marketing agresivo. En los 70, Orson Welles narró anuncios como "más refrescante... naturalmente brillante del centro de la Tierra". Patrocinaron maratones para ligarla a salud y ejercicio; en 1978, previeron vender 75 millones de botellas. En los 80, su lema fue "El primer refresco de la Tierra".
Tercero, en 1986, la EPA reveló altos niveles de plomo en el agua de 36 millones de estadounidenses, generando desconfianza duradera pese a las correcciones posteriores.
El factor miedo y desconfianza
El aura de pureza y salud del agua embotellada persiste, incluso si marcas como Aquafina (PepsiCo) o Dasani (Coca-Cola) son solo agua de grifo filtrada. Estas campañas apelan al miedo a la muerte, según un estudio de 2018 de la Universidad de Waterloo sobre la "teoría de la gestión del terror".
"Los anuncios juegan con nuestros temores a la mortalidad, haciendo que el agua embotellada parezca más segura y pura", explica Stephanie Cote, investigadora del estudio.
La desconfianza en el agua pública se agrava por crisis como Flint (Michigan) o comunidades indígenas en Canadá.
Donaciones de agua embotellada llegaron antes de un partido entre los Flint Firebirds y los Windsor Spitfires el 21 de enero de 2016, a petición de Windsor Spitfires para apoyar la crisis en Flint, Michigan.
Dr. Peter H. Gleick, autor de "Embotellado y vendido", afirma: "El agua embotellada es ideal en emergencias, pero no como solución permanente. Hay que reconstruir la confianza pública".
Con sus altos costos ambientales, promover botellas reutilizables y bebederos es esencial, pero las campañas publicitarias de las marcas superan a las municipales. Gleick concluye: "Donde no hay agua segura del grifo, hay que proveerla, no depender de opciones privadas costosas".