El farro es un grano milenario que se vende seco, se cocina fácilmente en unos 30 minutos y representa una alternativa saludable al arroz o la quinoa. Cada pocos años, surgen tendencias culinarias que transforman cocinas, restaurantes y la cultura gastronómica. Así ha ocurrido con la col rizada, las semillas de granada y la coliflor. En ocasiones excepcionales, nos inclinamos por alimentos ancestrales como granos y pseudocereales que han permanecido casi inalterados durante milenios. Frente a ellos, el farro destaca como el protagonista indiscutible del mundo de los granos.
Originario de la Media Luna Fértil en el Medio Oriente, el farro es un grano pequeño, alargado y versátil, similar al arroz en apariencia y textura. Su sabor, descrito como notas de anacardo con matices de canela, lo hace ideal para ensaladas, sopas o incluso cereales de desayuno.
Al igual que la col rizada o las coles de Bruselas, el farro se ha mantenido prácticamente sin cambios gracias a la ausencia de cría selectiva intensiva, a diferencia del maíz moderno.
El farro: excepcionalmente nutritivo
El término "farro", que significa "trigo antiguo", engloba tres variedades: einkorn o farro piccolo (Triticum monococcum), emmer o farro medio (Triticum dicoccum) y espelta o farro grande (Triticum spelta). La variedad emmer es la más común en Europa y EE.UU. Estas datan de miles de años y fueron básicas en la dieta del ejército romano.
"El farro es una potencia nutricional", afirma Amanda W. Izquierdo, MPH, RD, LDN. "Una porción de un cuarto de taza aporta 200 calorías, 7 g de fibra y 7 g de proteína".
Su perfil nutricional rivaliza con la quinoa, pero ofrece una textura masticable similar a la pasta y un sabor más nuez.
Según la dietista Ellen Ellingsworth, "es rico en proteína, fibra, magnesio, zinc, niacina y antioxidantes como polifenoles, carotenoides y selenio. Contiene gluten, aunque en menor cantidad que otros cereales".
Contrario a mitos, el farro se cocina como el arroz: hirviéndolo en agua 25-30 minutos hasta que esté tierno. Es una opción más nutritiva que el arroz blanco, rica en antioxidantes.
Farro vs. quinoa: una comparación
Tanto el farro como la quinoa destacan nutricionalmente. "Ambos aportan fibra, proteínas, vitaminas y minerales", explica la nutricionista Monica Nedeff. "El farro ofrece más proteína y fibra, mientras la quinoa proporciona los nueve aminoácidos esenciales y es libre de gluten".
La elección depende de necesidades dietéticas: quinoa para celíacos o veganos proteicos completos.
En cocina, las posibilidades son infinitas. Rebecca Firkser, desarrolladora de recetas, lo usa en ensaladas con verduras asadas, yogur o vinagreta fresca.
Prueba recetas como frijoles caldosos con farro, huevos y champiñones de Bon Appétit, o budín de farro con dátiles y cardamomo.