El queso se elabora con leche entera, baja en grasa, descremada o combinaciones de estas. Independientemente del tipo de leche utilizado, el queso es una fuente concentrada de nutrientes naturales de la leche, como el calcio. De hecho, muchos quesos aportan entre 200 y 300 miligramos de calcio por onza (28 g). En este artículo, exploramos cómo incorporar el queso en una dieta saludable para fortalecer tu cuerpo.
El "queso bajo en grasa" ya no es un contrasentido. Hoy existen docenas de variedades bajas en grasa, semidesgrasadas o sin grasa de queso americano, cheddar, mozzarella, suizo y otros, con reducciones de grasa del 25% al 100%, promedio del 30%. Muchos incluyen gomas y estabilizadores para imitar la textura cremosa y el sabor rico de los quesos tradicionales.
Selección y almacenamiento de quesos
Muchos quesos tienen más grasa por porción que una taza de leche. Al comprar quesos bajos en grasa, revisa la etiqueta:
- Queso bajo en grasa: 3 g o menos de grasa por porción de 1 onza (28 g).
- Queso semidesgrasado: 25% menos grasa que el equivalente regular.
- Queso sin grasa: menos de 0,5 g de grasa por porción de 1 onza.
Cocinar con queso
Cuanto menor sea el contenido de grasa, más cuidado requiere al aplicar calor. Los quesos tradicionales, con ~70% de calorías de grasa, se derriten fácilmente. Los bajos en grasa son menos maleables y pueden volverse grumosos. Los sin grasa funcionan mejor fríos en sándwiches o ensaladas, ya que suelen tener sabores más suaves o ligeramente alterados.
Para mejores resultados, combina con queso regular (ej. cheddar extra fuerte o parmesano) para potenciar el sabor. El queso rallado se integra mejor. En capas en cazuelas, actúa como aislante para evitar separación. Cubre al final de la cocción para prevenir que forme piel o se queme. Sirve inmediatamente.
La fusión varía por variedad y marca: una mozzarella baja en grasa derrite mejor que un cheddar. Experimenta para encontrar tus favoritas para picar, cocinar o aderezar.
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