Las carnes procesadas son prácticas para sándwiches y comidas rápidas, siempre que se consuman a tiempo.
Imagina un jueves agotador: has trabajado horas extras, has quedado atrapado en el tráfico y solo quieres una cena rápida del refrigerador para no perder tu valioso tiempo libre evitando ir al supermercado. Al abrirlo, encuentras zanahorias, hummus viejo, un tomate y medio paquete de tocino crudo. Pensaste en preparar BLT hace poco, así que debería estar bien, ¿verdad? Pero un vistazo revela un color sospechoso y un olor dudoso.
¿Por qué parece que las carnes procesadas se echan a perder tan rápido? Si duraran más, disfrutarías de ese tocino crujiente sin problemas. Sin embargo, la realidad es opuesta: las carnes frescas, como pavo en rodajas, pechugas de pollo o bistec, duran solo 3-5 días crudas o recién cocinadas en el refrigerador. En cambio, las procesadas pueden conservarse semanas: los hot dogs hasta 2 semanas sin abrir y 1 semana abiertos; la carne fría en empaque original, 2 semanas, y 5 días una vez abierta o de la charcutería [fuente: Meat Safety].
¿Qué son las carnes procesadas? Incluyen tocino, pastrami, jamón, salchichas, hot dogs y chuletas curadas, conservadas mediante ahumado, curado, salado o aditivos químicos. A menudo se comprimen en formas para sándwiches.
Aunque duran más refrigeradas que las frescas, revisa siempre las fechas de caducidad. Estas indican el período seguro de consumo. Cualquier carne caducada, procesada o no, representa un riesgo para la salud.