En febrero de 2019, Bud Light se convirtió en la primera cerveza estadounidense en incluir voluntariamente etiquetas claras con ingredientes, calorías, grasas, carbohidratos y proteínas por porción. Si no puedes consumir una barra de chocolate sin revisar sus calorías, tienes razón. Casi todos los alimentos envasados, incluidas bebidas no alcohólicas, muestran etiquetas nutricionales detalladas con grasas, azúcares, sodio y más.
En cambio, el alcohol suele escapar de esta transparencia. ¿Por qué? La clave está en las regulaciones.
La FDA regula alimentos y bebidas no alcohólicas, pero el alcohol depende de la TTB (Oficina de Impuestos y Comercio de Alcohol y Tabaco), que no exige etiquetado nutricional.
Aunque no es obligatorio, defensores han presionado por cambios. En 2013, la TTB permitió etiquetas opcionales, pero expertos como Sara Bleich de Johns Hopkins lo consideran insuficiente. Su investigación muestra que los estadounidenses consumen en promedio 400 calorías diarias solo de alcohol, sin saberlo.
Esta disparidad se remonta a la Prohibición. La Ley de Administración de Alcohol de 1935 creó la TTB con reglas laxas: sulfitos deben etiquetarse, pero no otros ingredientes. Vinos ≥14% ABV indican alcohol; 7-14% no siempre; <7% caen bajo FDA y sí requieren etiquetas.
Algunas marcas como Corona Light o Heineken incluyen datos (calorías, no siempre ingredientes), pero suelen ser minúsculos. Bud Light lidera con etiquetas visibles en más productos desde 2019.
Cambios vienen: Grandes cerveceras (Anheuser-Busch, MillerCoors, etc.), que producen el 81% del mercado EE.UU., acordaron mostrar info nutricional voluntariamente para 2020. ¡Salud a la transparencia!