La reputación de los lácteos enteros ha evolucionado significativamente en los últimos años. Con el auge de dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas saludables, como la cetogénica, cada vez más personas distinguen entre grasas beneficiosas (como las del aguacate) y las perjudiciales (presentes en carnes procesadas). Un estudio reciente indica que estos lácteos podrían asociarse a una vida más larga.
Publicado en septiembre de 2018 en The Lancet, el estudio analizó a más de 130.000 personas en 21 países. Se registró su ingesta dietética inicial y se les siguió durante un promedio de 9,1 años. Los participantes se agruparon según consumo de lácteos: ninguno, menos de una porción al día, una o dos porciones al día, y más de dos porciones al día. Al final, se evaluaron tasas de mortalidad y enfermedades cardiovasculares.
Los resultados mostraron que quienes consumían más de dos porciones de lácteos enteros al día presentaban menores tasas de mortalidad y enfermedades cardiovasculares comparados con los que ingerían menos de media porción. Ejemplos de porción: un vaso de leche entera, una taza de yogur entero, una loncha de queso entero o una cucharadita de mantequilla.
"Nuestros hallazgos respaldan que el consumo de lácteos podría ser beneficioso para reducir la mortalidad y las enfermedades cardiovasculares, especialmente en países de ingresos bajos y medianos, donde su ingesta es mucho menor que en Norteamérica o Europa", afirmó la autora principal, Mahshid Dehghan, PhD, en un comunicado.
Estos resultados contrastan con recomendaciones dietéticas actuales que aconsejan limitar los lácteos enteros para prevenir problemas cardíacos. Sin embargo, no son adecuados para todos, como quienes padecen intolerancia a la lactosa o alergia a los lácteos. Consulta siempre a tu médico antes de modificar tu dieta.
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