¿Vives en un apartamento en el quinto piso sin sótano? No te preocupes. Cualquier hogar cuenta con un espacio perfecto para almacenar vino de forma óptima.
Tu cocina guarda ingredientes para múltiples platos; una bodega casera es su equivalente líquido. No necesitas miles de botellas de oporto o clarete, solo las suficientes para cuando digas: '¡Me apetece una copa de...'.
Una bodega casera existe para ofrecerte tu vino favorito cuando lo desees. Con un poco de creatividad, cualquiera puede crearla.
Imagina una bodega tradicional: fresca pero no helada, oscura y silenciosa. Aunque no tengas un espacio idéntico, seguro que encuentras un rincón similar para tus botellas. ¿Qué tal una maleta bajo la cama? ¿O una antigua chimenea con tramos de tubería de desagüe? Un armario bajo las escaleras o un estante extra en el ropero funcionan de maravilla.
Usa baldosas de poliestireno para aislar. Si nada más sirve, opta por armarios con control climático diseñados específicamente para vino (aunque son costosos), que mantienen condiciones ideales.
Dato clave
Muchos comerciantes almacenan el vino que compras hasta que estés listo para consumirlo.
P:
¿Por qué se almacena el vino de costado?
R:
Para mantener el corcho húmedo y preservar el sello hermético.