Durante el Salón du Chocolat en Porte de Versailles, París, en octubre de 2015, se exhibió una impresora 3D de chocolate. En el verano de 2016, una empresa de Texas desarrolló para la NASA un dispositivo que imprimió una pizza con tecnología 3D. Ahora, científicos nutricionales del University College Cork en Irlanda han creado un topping para pizza: queso impreso en 3D.
Conocida como fabricación aditiva, la impresión 3D utiliza diversos materiales para crear objetos complejos, como juguetes, repuestos de automóviles o incluso paredes de casas. En este caso, el material es queso fundido.
Los investigadores del University College Cork analizaron cómo afecta la impresión 3D a la estructura del queso procesado. Derritieron el queso a 75 °C (167 °F) durante 12 minutos y lo colocaron en una impresora 3D comercial modificada con una jeringa, originalmente diseñada para plásticos.
Extruyeron el queso fundido a alta y baja velocidad, refrigeraron las muestras durante 24 horas y las compararon con el queso original para evaluar cambios en su estructura química.
La impresión 3D altera las propiedades físicas de los alimentos a nivel microscópico, tanto por el calentamiento como por la extrusión, lo que puede modificar sabor y textura.
Aunque las muestras eran pequeñas para pruebas de sabor exhaustivas, el queso 3D resultó un 50% más suave, de color ligeramente más oscuro, más fácil de refundir y menos pegajoso, ya que los aceites emergieron a la superficie durante el proceso.
Las implicaciones son amplias: cocinas futuras con impresoras 3D y astronautas en misiones espaciales, como a Marte, fabricando alimentos a bordo.